Los tres caminos de la noche

 


Los tres caminos de la noche

Por José Iván Cardona Gómez

 

En las montañas de Tocancipá, donde la neblina cubre los caminos como un velo de misterio, nació la historia de tres hombres marcados por dones y condenas.

 

Esteban, fue expulsado de su pueblo. La comunidad lo llamó demonio por su capacidad de convertirse en gato y su madre fue acusada de bruja, ella fue sacrificada por fanáticos que creían que atraía desgracias. La sangre derramada lo obligó a huir, llevando consigo el estigma de lo prohibido y la memoria de su madre.

 

En su andar encontró a Alberto, el hombre que sólo en sueños podía hablar con los muertos. Fue en esas visiones nocturnas donde Esteban escuchó la voz de su madre, revelando la verdad de su asesinato. Así nació una alianza tejida por la memoria y el dolor.

 

Pero la secta que dominaba la región, armada con dinero, tecnología y dogmas, los capturó y los sometió a tormento. La noche parecía eterna, hasta que llegó José, acompañado de su pájaro amarillo. José supo del secuestro por rumores de campesinos que habían visto a los fanáticos llevar prisioneros hacia un caserío oculto. Movido por la lealtad y el instinto de proteger, siguió las huellas. El ave, al sentir el límite del sufrimiento, se transfiguró en un guerrero de tres metros, con espada descomunal, y rompió las cadenas. La amistad se selló en ese instante, bajo el fuego y la sombra.

 

En sueños, Alberto recibió otro llamado: los padres de una niña huérfana le imploraban ayuda. La niña había sido encerrada por su tío sacerdote, miembro de la misma secta, que pretendía convertirla en esposa de Dios contra su voluntad. Los tres hombres se adentraron en la fortaleza de los fanáticos. Esteban se deslizó como gato por las rendijas, Alberto guió con las voces de los muertos, y José protegió con el guerrero amarillo. Tras una lucha silenciosa, rescataron a la niña.

 

El pueblo nunca supo toda la verdad. Algunos dijeron que fueron demonios, otros que fueron ángeles. Lo cierto es que en las montañas quedó la huella de tres hombres que desafiaron la noche. Y como toda leyenda, su sentido no está escrito: cada quien decide si fueron héroes, fugitivos o simplemente sombras que caminaron entre nosotros.

 

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