Décima de los tres caminos de la noche
Décima
de los tres caminos de la noche
Por José Iván
Cardona Gómez
En Tocancipá la bruma, cubría el monte
callado, un pueblo quedó marcado por la fe que se rezuma. Esteban lleva la suma
del dolor y la condena, su madre, bruja en la pena, fue quemada por la secta, y
el joven, gato en su treta, huyó con sombra y cadena.
Alberto sueña profundo, con los muertos se
conversa, y en su visión se dispersa la verdad del otro mundo. Esteban busca en
su rumbo la voz materna perdida, y en la alianza compartida se levanta la
memoria, dos hombres tejen la historia con la herida compartida.
La secta, fuerte y armada, con dinero y con
poder, los captura sin ceder, la noche queda sellada. José escucha la llamada,
rumor de campo y camino, y con su pájaro divino rompe el hierro y la prisión,
el ave en su transfiguración se hace guerrero destino.
En sueños llega el llamado, una niña está
encerrada, por su tío condenada, al claustro fue destinada Los tres luchan a su
lado, Esteban gato se cuela, Alberto guía la vela, José con espada brilla,
rescatan a la chiquilla, y la secta se desvela.
El pueblo nunca supo, si eran demonios o
santos, si eran sombras o encantos, si eran verdad o un grupo. La montaña
guarda el cupo de tres hombres en la huella, la leyenda se destella, cada quien
da su razón, y en la noche del altiplano quedó sembrada la estrella.



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